Datos oficiales confirman el deterioro económico: caída de la actividad, del empleo registrado y más desocupados

Los últimos datos publicados en estos días por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) y organismos oficiales de la Seguridad Social trazan un cuadro de deterioro generalizado de la economía argentina. De acuerdo con el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), la actividad económica cayó 2,1 por ciento en febrero respecto al mismo mes del año anterior, interrumpiendo dos meses de leve mejora y acumulando en el primer bimestre de 2026 una baja del 0,2 por ciento. El rebote de 2025 —que había cerrado con una suba del 4,4 por ciento, ya debilitada desde el segundo semestre— muestra así sus límites con claridad.

Los números del Indec revelan una economía que crece solo donde hay recursos naturales para extraer y capital financiero para especular. La explotación minera y la actividad agropecuaria aportaron 0,75 puntos positivos al EMAE, mientras que la industria y el comercio restaron 2,2 puntos. La industria manufacturera registró una brutal caída interanual del 8,7 por ciento y el comercio mayorista, minorista y reparaciones retrocedió 7 por ciento. Se trata de los dos sectores con mayor capacidad de arrastre sobre el resto de la economía y con la más alta demanda de empleo, lo que explica en buena parte el deterioro del mercado laboral.

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Por otro lado, el informe de Cuenta de generación del ingreso del cuarto trimestre de 2025, también elaborado por el Indec, muestra cómo se distribuyó esa riqueza menguante. La participación de las remuneraciones al trabajo asalariado en el valor agregado bruto cayó al 44,4 por ciento, casi un punto menos que en igual período de 2024. El excedente empresario, en cambio, subió al 42,1 por ciento. Excluyendo al sector público, la brecha se vuelve más cruda: los salarios privados representaron apenas el 36,5 por ciento del valor generado, frente al 48,1 por ciento que quedó en manos empresarias. Una torta cada vez más chica que se reparte más injustamente.

El mercado laboral resistió en cantidad pero se deterioró en calidad, según los datos oficiales. Los puestos de trabajo totales no variaron en términos interanuales, pero detrás de ese cero se esconde una sustitución en marcha: los puestos asalariados registrados cayeron un 0,7 por ciento y los no registrados un 0,6 por ciento, mientras que el cuentapropismo creció un 3,7 por ciento en el promedio anual de 2025 (lo que implica el pase de más de 240 mil trabajadores registrados al cuentapropismo, sobre todo como monotributistas). A eso se suma que las horas efectivamente trabajadas cayeron un 1,8 por ciento interanual, señal de que no solo hay menos empleo formal sino que el que queda trabaja menos, no por elección sino por falta de demanda.

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El seguro de desempleo confirma desde otro ángulo la misma tendencia. En el primer trimestre de 2026, 39.283 trabajadores despedidos sin causa comenzaron a cobrar la Prestación por Desempleo, según datos de la Seguridad Social. Los sectores más golpeados son la industria, el comercio y la construcción, que concentran más del 65 por ciento de las nuevas altas. En marzo, 104.550 personas cobraban el beneficio, con un pago promedio de 300.557 pesos. Sumando los registros de 2024, 2025 y el primer trimestre de 2026, el total de trabajadores que accedieron al seguro por desempleo bajo la actual gestión asciende a 367.465, frente a las 108.942 altas de todo 2023.

Más allá de los trabajadores en el sector privado, el Estado también achicó su dotación de manera sostenida. Según el Indec, entre diciembre de 2023 y febrero de 2026 se eliminaron 66.405 puestos de trabajo en la Administración Pública Nacional y las empresas y sociedades del Estado. La mayor parte de las bajas se concentró en la administración descentralizada, que perdió 22.461 empleos, seguida por las empresas estatales con 21.549 puestos menos. Al cierre del gobierno anterior, el empleo público nacional sumaba 343.357 personas; al 28 de febrero pasado, esa cifra se redujo a 276.952.

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El conjunto de estos indicadores —todos de fuente oficial— desmiente el relato de una recuperación económica en marcha, respecto de la que sólo hay que tener algo más de paciencia. La actividad se contrae, el empleo formal se destruye, los salarios pierden participación en la riqueza generada y crece la informalidad como refugio ante la erosión del mercado laboral. El enfriamiento de los sectores que más trabajo generan y más dinamizan el consumo interno es la señal más clara de que el modelo económico del gobierno de Milei redistribuye hacia arriba mientras profundiza la precariedad para la mayoría de los trabajadores.