Está claro que el modelo económico impulsado por el Gobierno de Javier Milei apuesta por la destrucción de la industria local y por su reemplazo por la vía de las importaciones. Pero su decisión de controlar la inflación por la vía del ancla salarial profundiza la estratificación social, por la que una parte multiplica sus compras de bienes personales a China, gracias a la apertura indiscriminada de las importaciones, mientras que las grandes mayorías sociales luchan para sobrevivir con salarios cada vez más empobrecidos, lo que hace que el consumo general continúe en caída libre y no se recupere ni siquiera con el relativo control de la inflación.
Un informe reciente de Intercambio Comercial Argentino (ICA) confirma que los envíos “puerta a puerta” desde China crecieron desde los 239 millones de dólares en 2024 a 894 millones en 2025, gracias a las facilidades garantizadas por la administración de Milei, especialmente en lo que hace a envíos “courier” (sobre todo compras de bajo costo, como indumentaria, artículos para el hogar, artículos de belleza, etc). Esto implica un incremento interanual de 274%, que hoy explica un 1,2% de las importaciones totales y cerca del 8% de las importaciones de bienes de consumo.
Pese a que, en términos generales, todavía no sean cifras relevantes, hay rubros en particular que se vieron duramente afectados por esta dinámica, como la industria textil, la de calzado o la de artículos de bazar. En diciembre pasado, la Fundación Proteger advirtió que “China invade el placard de los argentinos” con una avalancha de ropa “barata y de baja calidad”. El 70% de las importaciones textiles vienen del gigante asiático, especialmente por medio de plataformas masivas como Temu o Shein.
En este marco, la industria de conjunto opera un 10% por debajo de los niveles de 2023, de acuerdo con datos de la Unión Industrial Argentina (UIA), que advirtió sobre la existencia de “una mayor competencia frente a la importación de bienes terminados”. La dinámica también impacta en rubros industriales como el metalúrgico, que hoy está un 15% abajo de sus máximos históricos, con un uso de la capacidad instalada en apenas 45,2%, uno de los más bajos en décadas. En ese marco, las importaciones de productos metalúrgicos se vienen incrementando mes a mes, con un fuerte avance de China, el mayor productor del mundo.
A pesar de que desde el oficialismo se justifica la estrategia de apertura importadora indiscriminada como un plan para motorizar el consumo gracias al acceso a productos más económicos, lo cierto es que hoy la oferta de importados no llega a compensar para nada la crisis de ingresos que sufre la mayoría de la población trabajadora del país. De acuerdo con el mismo Indec, en noviembre volvió a caer el consumo en supermercados (-2,8% interanual y -3,8% contra octubre), alcanzando el peor dato intermensual de los últimos dos años, y mayoristas (-8,3% interanual, con un repunte de 1,3 en relación con octubre). Los primeros once meses de 2025 acumularon un retroceso de 7,7% interanual (contra un año como 2024, que también fue de profundo retroceso).
Ricardo Diab, presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), resumió, incluyendo datos de diciembre: “Hace mucho tiempo venimos marcando a través de nuestro relevamiento la caída del consumo. Este último mes, el mes de diciembre, nosotros marcamos un 5.2 negativo con respecto al mismo diciembre del 2024”. Y concluyó: “La falta del poder adquisitivo, la falta de financiamiento, de cuotas razonables y pagables, generan esta situación”.

























