Por quinto mes consecutivo, los salarios perdieron con la inflación y acumulan una caída del 7,9% en dos años

Los salarios registrados subieron 2% en enero, mientras la inflación del mismo mes fue del 2,9%, lo que marcó el quinto mes consecutivo de pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores formales, según datos oficiales del devaluado Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). En el acumulado desde septiembre de 2025, la caída real es en promedio de 7,9% para el conjunto de los asalariados registrados, con los salarios públicos cayendo levemente menos que los privados, una tendencia que durante el primer año de gobierno libertario fue muy claramente a la inversa.

En términos interanuales, los salarios privados registrados avanzaron un 28,5% y los públicos un 30% en el último año, contra una inflación del 32,4%. Pero si se toma el conjunto de la gestión de Milei, la tendencia fue la opuesta, con los salarios públicos perdiendo un 17,9% en términos reales y los privados retrocediendo 2,3%. Si la comparación se hiciera con los picos salariales de 2017, el contraste sería aún más notable, con retrocesos de entre un 21% y un 35%, para privados y públicos, respectivamente.

De la mano de la crisis de ingresos, en febrero el consumo se desplomó 6,3% respecto de enero

Este análisis prueba que este deterioro salarial de los trabajadores del Estado (junto con el congelamiento de jubilaciones y pensiones) fue una de las principales fuentes del famoso «equilibrio fiscal» del que presume el oficialismo. Esta significativa pérdida del poder adquisitivo de los salarios tiene una contracara directa en el desplome de los niveles de consumo y en el endeudamiento de los hogares. El consumo cayó 6,3% en febrero en todos los canales de venta, según la consultora Scentia, y la mora de las familias alcanzó el 10,6% en entidades bancarias —su nivel más alto en más de 20 años—, mientras que en las entidades no financieras y fintech la irregularidad en los créditos ya supera el 27%.

El gobierno recurre al índice general del Indec —que promedia salarios registrados con no registrados— para sostener su relato de recuperación salarial. En enero, ese índice general arrojó una suba del 2,5%, más cercana a la inflación del 2,9%, lo que le permite a Milei vanagloriarse de la evolución de los salarios. Pero esa cifra incluye el rubro de salarios no registrados, que según el propio Indec acumuló una suba del 80,6% interanual (un dato de muy difícil verificación, que los propios técnicos del organismo estadístico reconocen que debe leerse con cautela, dado que responde en parte a cambios metodológicos en la Encuesta Permanente de Hogares y no necesariamente refleja una mejora real).

La discusión paritaria de 2026 arranca, entonces, sobre un piso de pérdida acumulada que los gremios no pueden ignorar. La pauta que impulsa el gobierno —acuerdos por debajo del 2%, es decir, casi un punto detrás de la inflación de los últimos meses, y con plazos de vigencia mayores al trimestre— no es solo una señal de ajuste para el futuro, sino que constituye un intento para consolidar una caída salarial que lleva cinco meses ininterrumpidos y que apunta a agravarse.