La decisión de eliminar temporalmente las retenciones para las exportaciones de granos, anunciada con bombos y platillos por la administración de Javier Milei en medio de la corrida cambiaria, que supuestamente iba a extenderse hasta fines del mes de octubre, finalmente duró sólo tres días. Esta abrupta decisión, que empalma con el reclamo del Tesoro de los Estados Unidos tras garantizar el salvataje económico, dejó a unas pocas grandes empresas exportadoras que obtuvieron beneficios millonarios y a una gran masa de productores agrarios con fuertes críticas y objeciones.
En los tres días de vigencia de la medida se dio por terminada al cumplirse el cupo de 7 mil millones de dólares en Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE), el objetivo presuntamente acordado previamente (con un insólito calculo de extensión por más de un mes). Según el oficialismo, la quita cumplió su objetivo recaudatorio de captar liquidaciones, pero no se aclara que el reclamo de la reinstauración de las retenciones también obedeció a un pedido de los Estados Unidos que condicionó en parte el acuerdo de salvataje de 20 mil millones de dólares a la eliminación de la medida.
EEUU se encuentra en época de venta de su propia cosecha de soja, por lo que esta venta “subsidiada” argentina le implicaba una suerte de competencia desleal que exigió eliminar. Las tensiones geopolíticas con China también jugaron lo suyo, ya que a este año el gigante asiático comenzó a importar soja y harina de soja de nuestro país, fortaleciendo un rol de socio comercial argentino que Washington pretende deshacer. Y buena parte de estas ventas con ganancias extraordinarias iban a tener ese destino.
En cualquier caso, en los tres días de vigencia, seis grandes agroexportadoras acapararon el 80% del cupo de ventas, con DJVE de entre 1,3 y 2 millones de toneladas: Bunge, Aceitera General Deheza, LCD, COFCO, Viterra y Cargill. El economista Christian Buteler resumió: “La baja de retenciones no fue una medida para beneficiar a los productores que pocos pudieron capitalizar o lo hicieron las agroexportadoras. El único objetivo era generar un mayor flujo de dólares y así cambiar las expectativas. Nunca se pensó como un beneficio al sector”.
Desde sus redes sociales, el diputado radical Rodrigo De Loredo denunció: “Exportadoras como Bunge, Cargil o Dreyfus, inscribieron ventas al exterior con retenciones cero en 48 horas sin tener los granos y se hicieron de todo el beneficio”. Este elemento de la declaración de ventas “sin tener los granos” es otro factor del escándalo que indignó a los productores agropecuarios chicos y medianos, que quedaron fuera del negocio. Las grandes cerealeras aprovecharon la ventana de oportunidad para declarar ventas futuras y obtener una ventaja fiscal millonaria, sin que esas operaciones tuvieran respaldo físico. Ahora saldrán a comprar esas toneladas a otros productores para cumplir con el objetivo declarado.
Esta maniobra escandalosa generó indignación de la dirigencia agropecuaria. Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural, explicó: “Los exportadores deben mostrar cuántos millones de toneladas vendieron y cuántas compraron realmente. Hablé con uno que declaró ventas para mayo de 2026 sin tener el grano”. La estratagema implica, además, un alto riesgo financiero porque ahora esas declaraciones ahora tienen que cumplirse con compras efectivas de mercadería, que no están garantizadas.
En síntesis, la medida oficial presentada como un beneficio para el agro argentino terminó siendo un negocio descomunal para un puñado de grandes empresas exportadoras, sin ningún beneficio para pequeños y medianos productores, que además implica graves peligros fiscales. Además, no se descarta que el impacto negativo en los productores tenga una traducción electoral negativa en las próximas votaciones de octubre, especialmente en la zona pampeana.

























