El acuerdo comercial con los Estados Unidos anunciado hace algunos días por el Gobierno de Javier Milei ya desató fuertes polémicas entre los distintos sectores empresariales y de la política nacional. En principio, los detalles que trascendieron respecto de las cláusulas, parecen ser mucho más beneficiosas para Estados Unidos que para nuestro país, que sólo podría recibir algunos beneficios para los sectores exportadores de carnes y unos pocos otros rubros. Aunque se especuló con que las negociaciones también incluirían la rebaja de aranceles para el acero y el aluminio (que la administración de Donald Trump llevó al 50%), por el momento no hubo confirmación alguna a este respecto.
En las líneas generales del acuerdo, que se dieron a conocer durante el fin de semana, se establece que nuestro país le garantizará acceso preferencial a «ciertos medicamentos, productos químicos, maquinaria, productos tecnológicos, dispositivos médicos, automotores y una amplia gama de productos agrícolas», mientras que EEUU «eliminará los aranceles recíprocos sobre ciertos recursos naturales no disponibles y artículos no patentados para uso farmacéutico». Argentina también se compromete a dar de baja una serie3 de barreras paraarancelarias para productos estadounidenses (como requisitos de certificación sobre medicamentos, por lo que productos aprobados por la FDA no requerirán análisis de la ANMAT, por ejemplo) y a quitar la tasa estadística (3% sobre las importaciones). También se planteó el compromiso oficial argentino de reforzar las exigencias de cumplimiento de las normas antipiratería (desde EEUU se reclamó específicamente por la falsificación de marcas, mencionado el caso de feria de La Salada).
Más allá de la flexibilización recíproca para la venta de productos ganaderos (nuestro país habilitaría inmediatamente el ingreso de bovinos vivos y de aves de corral en un año, además de carnes de vaca, cerdo y lácteos), Argentina accedió a revisar «posibles acciones distorsionadoras de las empresas estatales y las subvenciones industriales que puedan tener un impacto en la relación comercial bilateral». Esto podría implicar nuevas restricciones a regímenes especiales para el incentivo industrial como el de Tierra del Fuego o requisitos para que empresas estatales no puedan acceder a la explotación en ciertos rubros. EEUU también se garantia facilidades para la exportación de bienes de capital (insumos para la fabricación de otros bienes, como maquinaria y herramientas) e insumos intermedios para la industria (con lo que se avanza en la desindustrializacion local). Además, Trump, en el marco de su disputa geopolítica con China, se aseguraría beneficios para la explotación de recursos energéticos, minerales estratégicos como el uranio y tierras raras.
Tras los anuncios, el gobernador bonaerense Axel Kicillof compartió desde sus redes un hilo de análisis de su ministro de Gobierno Carlos Bianco, donde resume: «EE UU anunció un acuerdo amplio con la Argentina que se perfila como el pacto económico-comercial más desigual y asimétrico firmado desde el Pacto Roca-Runciman. Un esquema 90/10, con 15 obligaciones asumidas por la Argentina y apenas 2 de EE UU». En este sentido, se cuestiona que el plan se haya acordado «sin estudios de impacto, sin participación del Congreso, sin consultas a los sectores productivos y sin intervención de las provincias» y denuncia la imposicion estadounidens». Luego concluye: «EE UU exige la liberalización de sectores que representan cerca del 70 % de lo que exporta a la Argentina: medicamentos, químicos, maquinaria, tecnología, dispositivos médicos, vehículos y productos agrícolas. Es prácticamente todo su comercio estratégico hacia nuestro país».
Frente a este planteo, el embajador argentino Alex Oxenford en EEUU intentó responderle al funcionario, afirmando que Buenos Aires iba a ser una de las provincias más beneficiadas por la apertura del mercado de carnes estadounidense, pero sin poder refutar en lo absoluto las denuncias bonaerenses sobre el impacto desindustrializador: «¿Cómo puede ser malo? Se ajustan los aranceles recíprocamente; se da acceso a la carne argentina a EE.UU; se firma un compromiso para eliminar aranceles a productos no disponibles que tiene que ver con la demanda de EE.UU…. Es una buena noticia para la Argentina, son más importaciones, que generan más exportaciones y precios más bajos. Las únicas provincias que pueden decir con certeza absoluta que es positivo son las provincias productoras de carne».
Pero las dudas respecto del acuerdo no se limitaron a la oposición política sino que también atravesaron las declaraciones de organizaciones empresariales. Más allá de las celebraciones de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), la Cámara Argentina de Comercio (CAC) se manifestó más bien «cautelosa» hasta conocer la letra chica y la Cámara de Exportadores (CERA) directamente alertó sobre el conflicto que la definición de «acceso preferencial» que podría detonar conflictos con la participación y los acuerdos nacionales en otros bloques comerciales, como el Mercosur. Además, CERA advirtió que la mayoría de los compromisos recaen exclusivamente sobre Argentina, que abrirá su mercado local a productos estadounidenses sin reciprocidad alguna en la mayoría de los casos.

























