La profundización del plan económico del gobierno de Javier Milei sigue dejando una estela de cierres de fábricas, concursos preventivos y despidos en empresas de distintos puntos del país. Con un acumulado de más de 26 mil empresas que bajaron persiana desde el inicio de la gestión libertaria, una serie de casos recientes dan clara cuenta del deterioro extendido del entramado industrial, con impacto directo en el empleo y en las economías regionales. Lácteos, textiles, calzados, alimentos y muchos otros rubros centrales son impactados por la dinámica industricida.
En el sector lácteo, la crisis alcanzó a una de sus marcas históricas. La cooperativa SanCor solicitó su propia quiebra tras un largo proceso de deterioro financiero que incluyó concurso de acreedores, paralización de plantas y caída abrupta de la producción. La firma, que llegó a emplear a 4.000 trabajadores y procesar millones de litros diarios, hoy acumula una deuda cercana a los 120 millones de dólares y mantiene salarios impagos desde hace meses. Desde el gremio lácteo ATILRA denunciaron que la empresa se sostuvo “con el patrimonio de los trabajadores” en la etapa final de su funcionamiento. El cuadro del sector se agrava con la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), vinculada a la producción de yogures, flanes y postres, que dejó alrededor de 400 trabajadores en la calle tras el cierre de sus plantas en Buenos Aires y Córdoba. A esto se suma el cierre de una planta de La Serenísima en Tandil, con 16 despidos. En conjunto, el sector evidencia una combinación de caída del consumo, conflictos salariales y falta de inversión que empuja a la retracción productiva.
La industria textil, por su parte, muestra uno de los cuadros más críticos. En Corrientes, la caída de la producción y la apertura indiscriminada de las importaciones a bajo precio pusieron en jaque a varias plantas, con riesgo de despidos masivos en localidades donde la actividad es el principal motor económico. A nivel nacional, el sector acumula una pérdida de más de 20.000 puestos de trabajo desde fines de 2023, en un contexto de fuerte caída del consumo interno y apertura comercial. El panorama se replica en otras provincias.
En la industria del calzado, la crisis también avanza. El antecedente del cierre de la planta de Dass en Coronel Suárez y los recortes en su planta de Misiones reflejan el impacto de la apertura importadora, que redujo la producción local y el empleo. A esto se suma el cierre de la fábrica Dabra en Catamarca, con despidos y conflictos por el pago de indemnizaciones. En Córdoba la fabricante de suelas Gomas Gaspar dejó a 40 trabajadores sin empleo y sin indemnización, tras meses de incumplimientos salariales. Según datos sindicales, el sector pasó de 20.000 a apenas 7.000 trabajadores en los últimos años.
Epidemia de cierres y suspensiones en metalmecánica, textil, calzados, minería y comercio
También dentro de los rubros de consumo masivo, la firma Caromar, productora de artículos de limpieza y dueña de supermercados mayoristas, hoy atraviesa un concurso preventivo tras una fuerte caída de ventas y el cierre de su planta de jabón en polvo. La empresa argumentó que no pudo competir con precios de dumping de grandes multinacionales, en un escenario donde la recesión contrajo la demanda y desató una “competencia feroz” en el sector mayorista. El deterioro se tradujo en cierre de sucursales y reducción de personal.
La continuidad de estos procesos evidencia que la política económica actual no solo no logra reactivar la producción, sino que acelera la desarticulación del aparato industrial. Los cierres de fábricas, lejos de ser episodios aislados, configuran un patrón que combina caída del consumo, apertura importadora y retracción de la inversión, con consecuencias directas sobre el empleo y el tejido social.

























