Neoliberalismo regional: El segundo semestre tampoco llega a Chile

                RedacciónEDA

A un año del regreso del empresario Sebastián Piñera a la presidencia de Chile, con la promesa de traer “tiempos mejores” luego de la gestión de Michelle Bachelet, comienzan a aparece estadísticas económicas que contradicen las promesas oficiales. Cierre de empresas y aumento del desempleo, más allá del conflicto político en la Araucanía, constituyen los alertas principales.

Pese al crecimiento económico de 4% registrado en 2018, las expectativas de rápida mejoría económica que despertó el arribo de Piñera a La Moneda no está siendo satisfechas. Las cifras más inquietantes del último período tienen que ver con un significativo crecimiento del desempleo, que alcanzó un 6,8%, con un aumento de 0,3% interanual para el período noviembre-enero.

Según el analista Cristóbal Bellolio, de la Universidad Adolfo Ibáñez, “si bien se va a crecer mucho más que con Michelle Bachelet, hay una percepción de que están cerrando muchas empresas y de que el empleo no ha aumentado como se prometió”.

Las cifras del primer año de Piñera todavía reflejan una valoración positiva, pero con fuertes llamados de atención. Según encuestas de Criteria Research, el presidente chileno mantiene un 44% de aprobación, con una baja de 5 puntos respecto del primer mes de gestión. La imagen negativa también alcanza el 44%, en un problemático equilibrio que puede definirse rápidamente hacia una percepción globalmente negativa.

Patricio Navia, politólogo y docente en la Universidad de Nueva York, opinó: “El solo hecho de que Piñera llegara al poder generó mayor actividad económica, pero esto fue una especie de rebote. En el marco legal e institucional, esto es idéntico a lo que dejó Bachelet y tiene que ver con que Piñera no logró pasar ninguna de las tres reformas que había prometido: laboral, tributaria y de pensiones”. Y agregó: “Si no hace ciertas reformas, habrá una decepción muy profunda en los mercados. El despliegue legislativo ha sido más lento de lo que él pensaba”.

En cuanto al cumplimiento de las promesas legislativas, la gestión Piñera alcanzó apenas un 23%. Un desagregado mostraría un cumplimiento por encima del promedio en Defensa (60%), Equidad de Género (56%) y Ciencia y Tecnología (45%). Al respecto, Piñera se justificó: “Significa que en cuatro años vamos a cumplir el 100% y eso es bueno”.
Más allá de la proclamación de una gestión “dialoguista” con la oposición, también el gobierno de Piñera se anotó errores resonantes, levantando sospechas de nepotismo, como la designación de su hermano Pablo como embajador de Chile en la Argentina (finalmente revisada) y el nombramiento de amigos en puestos importantes de Gobierno.

Pero uno de los casos más escandalosos del año de gobierno tuvo que ver con la muerte de Camilo Catrillanca, un comunero mapuche asesinado por fuerzas policiales, cuya trascendencia hizo tambalear al poderoso ministro del Interior Andrés Chadwick. Analistas señalaron que el “conflicto mapuche” tuvo un efecto muy fuerte que le quitó el control de la agenda al Presidente y volvió a alentar los fantasmas de un estado eminentemente represivo, siempre ligado a los gobierno de derecha.

La polémica más reciente tuvo que ver con el rol de Piñera en la crisis venezolana, con una visita del presidente chileno al polémico Live Aid realizado en la frontera colombiana con Venezuela que se leyó como “un papelón”, destacándose como una intervención oportunista para intentar posicionarse como “líder regional”.