Las reformas laborales de Bolsonaro: un espejo donde NO mirarse

               

Bolsonaro venció ayer en segunda vuelta por el 55% de los votos y se impuso como nuevo presidente de Brasil, nuestro principal socio comercial. A partir del 1 de enero, día de su asunción, se prevé, de acuerdo a sus anuncios que se iniciará con una rápida etapa de reformas que tiene “ansiosos” a sus votantes y “en vilo” a la otra mitad del país.

También debiera tener en “Estado de Alerta” a nuestra Argentina, pues el giro que puede tener la relación entre ambos países puede tener efectos –tanto económicos como políticos- devastadores para el país.

En Buenos Aires, ganó el PT. Hubo un amplio apoyo para Fernando Haddad, el ex alcande de San Pablo, que no tuvo suficiente capital propio y no le alcanzó con ser el delfín de Lula, el ex presidente “de los pobres” proscripto para participar de las elecciones cuando tenía una intención de voto mayor al 40% ya para las primarias.

El inédito triunfo del ultraderechista Bolsonaro, -el tercer militar en asumir la presidencia en Brasil por mandado popular-, habla a las claras del gobierno que llevará adelante y de la nueva era que se viene en el país vecino y en toda la región, ya que según adelantó su ministro de Hacienda, Pablo Guedes, “el bloque del Mercosur está viciado de posturas ideológicas por eso no será una prioridad para el gobierno”.

Con lo cual, de momento, reina la incertidumbre sobre cuáles serán sus verdaderos efectos y la relación bilateral que tendremos con un Brasil que ya ha anunciado oficialmente en campaña que se vienen importantes reformas laborales y achicamiento del Estado, privatizaciones, concesiones y venta de propiedades públicas, un sistema de jubilación por capitalización y una extensa reforma laboral que permita flexibilizar las condiciones de empleo.

Desde la Central Única de Trabajadores (CUT), vinculada al PT, ya prevén las consecuencias de un Bolsonaro que va a “ir por la quita de derechos, el aumento del desempleo, ajuste salarial y el aumento del costo de vida” y más allá de eso avizoran que, “va a intentar perseguir y reprimir al movimiento sindical y a los movimientos sociales, así como a los sectores democráticos y populares en general”.

Con estos anuncios y previsiones, Brasil se convierte en un verdadero espejo donde NO mirarse, no por lo menos si pretendemos una convivencia pacífica y una Argentina del Trabajo.

En un país en crisis como el nuestro, con una economía asfixiada, con un paralelismo político fuerte entre Lula y Cristina Kirchner, las condiciones están dadas para tener “cierta preocupación”, respecto de quien pueda capitalizar el gran descontento que existe y va a ser muy difícil salir por “arriba”, ya que priman, al igual que en el país hermano, el hartazgo y el descontento –por lo viejo y por lo nuevo-.

Votar en contra de, nunca fue conducente, y volver a hacerlo, para nosotros, los argentinos, podría ser letal. Aunque es cierto que el mapa mundial está por demás complejo a la hora de buscar donde mirarnos, Brasil, es claramente riesgoso, y podría hacernos retroceder peligrosamente en el tiempo.