Por más de quince puntos se impuso el candidato elegido por el sindicalismo sobre Macri

RedacciónEDA

Un amplísimo porcentaje de los sindicatos -desde los más combativos a los más dialoguistas, incluída la CGT-, apoya la fórmula Fernández – Fernández y por lo tanto celebró con euforia la amplísima diferencia por la que el Frente de Todos se impuso este domingo en las primarias frente a Mauricio Macri.

Luego de conocidos los datos oficiales, Alberto Fernández, en un discurso que tuvo un tono ya presidencial, anticipó su “rechazo a llevar adelante una reforma laboral” e hizo hincapié en la necesidad de “cuidar a las pequeñas y medianas empresas” de “generar trabajo” y “darle a los abuelos lo que se merecen”.

Sorpresivamente, pese a cierta paridad que vaticinaban la mayoría de las encuestas, la coalición del peronismo, el kirchnerismo y el Frente Renovador cosechó más de 11 millones de votos, frente a casi 8 millones de Juntos por el Cambio.

Macri admitió la derrota antes de la difusión de datos oficiales. En tercer lugar quedó Roberto Lavagna. Nicolás del Caño, Centurión y Espert pasaron el filtro mínimo de 1,5%.

La fórmula presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández-Cristina Fernández, se impuso en las elecciones primarias con más del 47% de los votos, unos tres millones más que la fórmula del Gobierno.

Otra vez no hubo anticipo de los encuestadores, y luego de una hora y media de retraso en la difusión de los primeros datos oficiales, el Ministerio de Interior informó que en segundo lugar se ubicaron, lejos, Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto, con 32%, poco más de 7 millones de votos.

En tercer lugar se posicionó la dupla del Consenso Federal, compuesta por Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey, con 8% de los sufragios (1,8 millones), opción que en un principio tuvo la simpatía de un gran sector del sindicalismo, que finalmente se inclinó por la fórmula ganadora en la Nación y en la provincia.

Macri reconoció la derrota  y dijo ante sus militantes que el oficialismo «tuvo una mala elección» y mandó a dormir a la militancia antes de que el sistema arrojara los datos oficiales.