La fuerza del trabajo se subió al ring

                Edgardo R. Chini

El permanente y cuasi enfermizo ninguneo gubernamental de fijar una pauta de incremento salarial que no superara el 15%, aún con una inflación estallada de tal forma que hasta el propio ex titular del Banco Central tuvo que admitir que no sabía de cuanto iba a ser el índice al final de este año.

El creciente malestar de la masa laboral que a esta altura también alcanza a una amplia franja de la clase media y ya no tan media del país, que sufre la caída empíricamente comprobable de su poder adquisitivo.

La patética corrida financiera dominada por los sectores que al asumir la alianza que encabeza el Poder Ejecutivo, se los ubicaba como consustanciados con el proyecto.

La crisis extrema de las economías del interior de las provincias, expuesto por las regionales sindicales en la mesa del tercer piso de la sede de la calle Azopardo. La presión de las bases de las distintas actividades, ejercida a través de los delegados y de los propios afiliados de cada organización gremial.

La situación del empresariado local, no sólo de los pequeños y medianos, sino incluso de algunos representantes de empresas de mayor poder de fuego, que por lo bajo asentían lo inevitable de esta medida de fuerza.

La espalda que le siguen dando los sectores exportadores a pesar del aumento descomunal de un dólar que para muchos más que futuro, fue ganancia en presente inmediato. Entre otra larga fila de factores, que se acrecentaron con los discursos oficiales; le dieron el marco a un nuevo escenario de conflicto.

Un paro pocas veces tan contundente se convierte así en un punto de inflexión. La propia cartera de trabajo dejó de operar su freno desde principios de la semana pasada. La agenda hace ya un rato que la viene marcando el día después a este 25 J.

Cuesta creer que Cambiemos no lo haya previsto. Se abre así el interrogante del próximo paso que dará la representatividad política que recorre los pasillos de la casa Rosada y la quinta de Olivos. La primera línea de los referentes electorales hoy en gestión, como el caso del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos y de la Gobernadora Bonaerense ya se han encargado de hacer llegar su desagrado ante el contexto actual que excede largamente el campo laboral.

Hay quienes están convencidos que si se quiere ser una alternancia del poder, deberá ponerse un freno a quienes sólo basan su accionar en la ‘nube CEO’. Son quienes siguen sosteniendo que “sí se puede”, pero que no quieren quedar atrapados en un proceso de deterioro del que deberán dar cuenta desde el ejercicio de lo público, ya que ellos no tienen asegurado un ingreso inmediato al campo de lo privado, como ocurre con otros compañeros del proyecto reinante.

El punto es que con elegir los enemigos ya no alcanza. Que el anterior gobierno hundió al país en un populismo corrupto, que los dirigentes sindicales son todos mafiosos, que los Movimientos Sociales son una manga de piqueteros y que el Peronismo es el eje de todos los males; ya no alcanza como estrategia.

Se abre ahora un espacio para otra pelea, donde al tiempo de enfrentarse para tironear de una frazada cada vez más corta (incluso dentro una carrera electoral que ya ha comenzado), cada uno de los diferentes lados en puja, deberán hacerlo con la obligación de sostener el ring, al menos que se pretenda poner en peligro el sostenimiento institucional.

También es cierto que algunas barajas ya ha jugado en las últimas horas la administración oficial, con cambios en el gabinete incluido. Allí el respaldo internacional es la figurita más difícil que se exhibe. Habría que confiar en la teoría que esgrime que Argentina podría ser eje de exhibición continental, teniendo en cuenta los tambaleantes andares de gran parte de las democracias latinoamericanas.Y serán entonces los poderes ejecutivos de las distintas provincias y los representantes legislativos quienes tendrán la palabra al momento de tensar la cuerda en la mesa de las negociaciones.

El 2019 está en disputa. Eso no tiene vuelta atrás. Candidato se busca.
Pero nuevamente otras son las necesidades y los tiempos de los que menos tienen y de la fuerza laboral. Claramente en crisis en un capitalismo que expulsa mano de obra, incluso en los países centrales. Y por casa también andamos en esa.

Ahora con un renovado actor social llamado Movimiento Obrero Organizado, que a través de una huelga general resuelta por la Confederación General del Trabajo, mayoritaria expresión ciudadana del pueblo trabajador, volvió a convertirse en protagonista central.

No habrá que esperar mucho para saber si la dirigencia que conduce esta amplia expresión del cuerpo social, está a la altura de las circunstancias, al asumir la defensa de la fuerza laboral en un difícil entramado, donde deberán hacer valer certezas esenciales al bienestar general en un mundo que gusta abusar de las incertidumbres para generar sometimientos.