El Gobierno avanza mientras la CGT se rearma ante un empresariado agazapado

                Edgardo R. Chini
Nota publicada en Informe Político

Como si la liturgia Peronista estuviera siendo parte del armado de agenda de la Confederación General del Trabajo, luego de la movilización realizada en la fecha que se conmemoraba el renunciamiento de Eva Duarte a su candidatura a la vice presidencia, el día elegido para el Comité Central Confederal se fijo para el 25 de septiembre, jornada en la que se recuerda el asesinato de José Ignacio Rucci, en momentos que ocupaba el cargo de Secretario General de la CGT.

El anuncio realizado por Juan Carlos Schmid incluyó una moción para que se instrumente un plan de lucha, con un nuevo paro nacional incluido. De aquí ya se desprende una primera incógnita sobre cuando se dispondría la huelga, básicamente conocer si se piensa hacerla efectiva para antes de las próximas elecciones legislativas. En ese caso, el martes 17 de octubre sería coherente con el ideario popular, por tratarse nada menos que del Día de la Lealtad.

Sin embargo, de aquí al confederal hay un largo camino por recorrer, donde actores propios y extraños hacen su juego. Puertas adentro la CGT se dirime en generar los consensos necesarios para lograr la mayor legitimación necesaria a la hora de representar los intereses de los trabajadores, aún dentro de un cronograma electoral que en mayor o menor medida los involucra.

Todo indica que el triunvirato que actualmente encabeza la conducción cegetista va hacia un recambio. Y en una nueva conformación se verá también el rol que asumirá cada sector sindical. Habrá seguramente una retención de cargos, pero quizás cambie el nivel de exposición de los distintos protagonistas.

El sector moyanista parece ir hacia un camino de mayor confrontación, aunque su alma mater también tenga su impronta componedora. Los sindicatos de mayor caudal afiliatorio enrolados dentro de los “gordos” (Comercio y Sanidad, entre otros) muestran afinidad con los así llamados independientes (UOCRA, UPCN y AGUAS), en el acompañamiento a la tensión de la cuerda con el gobierno, pero cuidando que nunca se corte. La CGT Azul y Blanca que comanda Luis Barrionuevo recalcula su estrategia, al tiempo que el MASA encabezado por Taxistas, Unión Ferroviaria y Legislativos, siente que el tiempo juega a su favor a la espera de una propuesta programática independientemente de los cargos que se distribuyan. Mientras tanto, la Corriente Federal que encabeza el bancario Sergio Palazzo apunta a que se haga efectivo un plan de lucha explicito que incluya medidas de acción directa.

Un párrafo aparte merecen los gremios industriales, ya que más allá del sector con el que se sientan más identificados, deben dar su propia pelea por el sostenimiento del mercado interno y la producción local. Tal es el caso de Calzado y Textiles, dos actividades de las más castigadas por el plan económico vigente, donde se dio rienda suelta a la política importadora, al tiempo que se minimiza el pulso del mercado local. Tan así, que gran parte de la industria que engloba estas actividades gestiona acciones conjuntas con la representación sindical. Esta realidad también involucra a SMATA y la UOM, como representantes de la producción pesada, aunque en ambos casos se encuentran atravesando una discusión interna de fuerte contenido político.

Quedan afuera de este escenario, al menos hasta aquí, los gremios que conforman las 62 organizaciones. Después de la plataforma facilitada al presidente Macri para que haga su acto de presencia en el Día del Trabajador y tras el fallecimiento de Gerónimo Venegas,  los trabajadores del campo están abocados al recambio, mientras los otros gremios del sector siguen ocupando el lugar de matriz oficialista con la efectista invitación al ministro Triaca para que comparta los detalles de la movilización de la CGT sentados en la misma mesa.

Siempre habrá quien interprete un rol más dialoguista y quien ostente un protagonismo más confrontativo ante las diferentes administraciones del Estado. Así lo marca la historia del Movimiento Obrero Organizado. El dilema es ver si de manera orgánica funciona una estrategia para que sigan rigiendo los Convenios Colectivos de Trabajo, que protegen a las distintas actividades del campo laboral.

Al mismo tiempo, la administración Cambiemos mueve el tablero de manera cuasi periódica. Primero con una promocionada remoción de cargos en la cartera laboral y en la Superintendencia de Servicios de Salud, que poco sorprendió a quienes mínimamente recorren el derrotero informativo del mundo político sindical. El Ministro de Trabajo avanzó así en su posicionamiento, dándolo aún más oxigeno a su impronta ‘gradualista’ y su exhibición como principal interlocutor de las demandas gremiales. El movimiento también se presento colocando de manera exponencial a la gestión Macri, dando letra al discurso que lo posiciona ‘en el manejo del poder’, lo que no invalida un acierto de tiempo y forma en cuanto a su repercusión política. En este sentido, el Poder Ejecutivo hace su propio dibujo del campo de batalla. Y cuenta para ello con munición gruesa a fin de desmembrar a todo aquel que se plante a discutirle la esencia de las medidas que avanzan para adoctrinar la fuerza del trabajo. Los fueros laborales lo viven en carne propia.

Muestra claro de este contexto es la cómoda postura mayoritaria empresarial, muy a gusto con la impronta gubernamental, que solo cada tanto demanda una mayor inversión económica a los capitales privados, toda vez que conviven en ese lugar de pertenencia, expuestos incluso sin ponerse colorados, con un capital propio radicado principalmente fronteras afuera del país.

A Cambiemos tampoco le preocupa tanto los que ocupan la vereda de enfrente. Sabe hacer que sean funcionales a su estrategia política y comunicacional, aislando o descalificando esos enfrentamientos  con variado nivel y amplitud de arrinconamiento, desde ahogar recursos económicos, hasta mover expedientes judiciales, entre otras alternativas.

También apunta a hacer base en los cambios que experimentan los vínculos laborales. Se impulsa a convencernos que todos podemos ser empresarios en potencia, emprendedores de proyectos propios y que el despido y la indemnización también puede vivirse como una nueva oportunidad. La construcción y defensa de derechos es más individual que colectiva. Y toda organización que represente a un conjunto es vista casi como un estorbo para gran parte del plantel gobernante.