La nueva suba del dólar, que llevó a la divisa estadounidense casi a los 45 pesos, implicó un nuevo golpe para el sector automotriz, una de las áreas industriales y comerciales más afectadas por la recesión económica nacional.
Además de los miles de suspensiones y despidos en las automotrices, las perspectivas de cierre de autopartistas y el desplome de las ventas en las concesionarias (donde se está vendiendo menos de la mitad que en el mismo mes del año pasado), la disparada del dólar sumó nuevos inconvenientes al dramático escenario.
Siendo que más del 70% de los autos que se venden en el mercado argentino es importado, el impacto de la suba de la divisa es inmediato. Así el incremento de más de 10% en menos de un mes ha confirmado la decisión de los concesionarios de aumentar nuevamente los precios, aún en un escenario de fuerte desplome de ventas.
General Motors ya confirmó a su red de venta que los precios de los 0 km tendrán se remarcarán alrededor de un 6% a partir de abril (aunque las operaciones que se cierren en estos días ya se harán con los precios nuevos). En otras marcas se decidió suspender las ventas hasta decidir ajustes en las listas de precios, como en el caso de Volkswagen y Renault, que ante la disparada del dólar del miércoles directamente decidieron dejar de vender vehículos hasta ver cuál sería el techo de la corrida. Toyota, por su parte, prevé un aumento del 1% para toda su gama de vehículos (menos para la SW4, que no cambiará de precio) a partir de abril.
El nuevo aumento de precios se produce en un momento muy complicado, con un mercado interno paralizado, con patentamientos que en marzo retrocedieron un 60% contra igual mes del año pasado. Ya ni los planes de ahorro ni los importantes descuentos aplicados alcanzan para reactivar unas ventas en caída libre.
Las concesionarias además sufren un fenómeno de sobrestock, con importantes cantidades de vehículos acumulados que no pueden encontrar colocación. En muchos casos luego las ventas no alcanzan a cubrir los precios de reposición de vehículos, por lo que el sector enfrenta un grave proceso de descapitalización. En ese contexto, el aumento hace que también las facturaciones nominales deban tributar mayores impuestos, aunque los balances generales ya estén a pérdida.