Pedro Castillo asumió como presidente de Perú y juró por los trabajadores y los pueblos originarios. En sus primeras palabras como mandatario, mencionó a la clase obrera, a «los campesinos, los docentes, pueblos originarios, pescadores, profesionales, niños, jóvenes y mujeres, por un país sin corrupción y por una nueva constitución».
Prometió, en su discurso inaugural ante la Asamblea Legislativa, un «cambio responsable», con respeto a la propiedad privada y a los avances logrados en los últimos años, y adelantó que habrá «un golpe de inversión pública» e hizo hincapié en las zonas rurales y más pobres.
También tuvo posibilidad de contestar críticas de opositores: afirmó que es «totalmente falso» que su Gobierno vaya a incurrir en expropiaciones o estatizaciones pero advirtió que habrá un sistema en el que «las grandes empresas no estafen al fisco» y en que el Estado asuma un rol fiscalizador en «la defensa del ambiente y los derechos de los consumidores».
Luego, adelantó que pretende avanzar con una reforma de la Constitución. «Todos saben que una de nuestras principales banderas políticas es la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Insistiremos en esto pero siempre en el marco de la ley y la actual Constitución», prometió el mandatario y aseguró que ese cuerpo tendrá una composición con paridad de género y cuotas para los pueblos originarios, gremios, organizaciones populares y movimientos sociales.
E insistió en que es necesaria «una nueva constitución política que permita adaptar los cambios actuales» y «garantizar los ingresos del Estado nacional». «Un Gobierno del pueblo ha llegado para gobernar con el pueblo y por el pueblo. No los defraudaré», afirmó el mandatario en el discurso pronunciado ante el Congreso inmediatamente después de que jurara como presidente para el período 2021-2026.